Imaginario Matemático UNIVERSUM · Museo de las Ciencias · UNAM

Luz, sombra y perspectiva

Anamorfismos

Imágenes deformadas a propósito que solo se ven correctamente desde un punto de vista especial o reflejadas en un espejo curvo.

Los espejos están tan presentes en nuestra vida diaria que casi no los pensamos. Nos vemos antes de salir de casa y asumimos que esa imagen somos "nosotros". Pero incluso un espejo plano invierte la imagen de izquierda a derecha: no muestra exactamente cómo nos ve el mundo.

Ahora imagina un espejo que no es plano. Los espejos curvos pueden estirar, encoger o deformar lo que reflejan; seguro has visto tu reflejo en una cuchara o en los espejos de feria.

La anamorfosis es una técnica que juega con esas deformaciones: consiste en crear una imagen distorsionada que solo se ve correctamente desde un punto específico o mediante un espejo especial. Es una combinación fascinante de arte, matemáticas y óptica.

En esta instalación, la imagen está escondida en el techo. Parece deforme e irreconocible, pero al mirarla reflejada en el espejo cilíndrico se transforma y revela con claridad a Marilyn Monroe junto a un auto. (Marilyn Monroe fue una actriz y modelo estadounidense de los años cincuenta y principios de los sesenta.)

Deformar con reglas exactas

No es magia: es geometría. Toda perspectiva es una proyección, y los anamorfismos se construyen invirtiendo esa proyección. En el anamorfismo cilíndrico, cada punto de la imagen original se transforma con precisión matemática. Trabajando en coordenadas polares \((r, \theta)\) centradas en el espejo, la imagen se "desenrolla" alrededor del cilindro: lo que estaba cerca del centro se aleja, las rectas se vuelven curvas, y solo el reflejo deshace la transformación.

La ley física subyacente es la reflexión: el ángulo con que un rayo llega al espejo es igual al ángulo con que rebota. Al aplicarla punto por punto sobre una superficie curva, la computadora (o el artista paciente) calcula exactamente dónde dibujar cada trazo.

Un truco con historia

Los anamorfismos florecieron en el Renacimiento, cuando los pintores dominaron la perspectiva y empezaron a jugar con ella. El ejemplo más célebre es Los embajadores de Hans Holbein (1533): en la parte baja del cuadro flota una mancha alargada que, vista desde un ángulo rasante, se revela como un cráneo humano. Leonardo da Vinci dejó en sus cuadernos el primer anamorfismo conocido: un ojo que solo se ve bien de lado.

Hoy los usamos a diario sin notarlo: las palabras pintadas sobre el asfalto ("ALTO", flechas, cruces peatonales) están alargadas para que, desde el punto de vista bajo y lejano del conductor, se lean con proporciones normales. Los artistas callejeros hacen lo mismo con sus asombrosos "hoyos" tridimensionales dibujados con gis sobre la banqueta.

Para pensar

Si te paras en el lugar equivocado, ¿qué ves? La imagen deformada también es una proyección válida, solo que de otro observador. Un anamorfismo es un recordatorio de que toda imagen depende del punto de vista.